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domingo, 5 de junio de 2011

Ramesses - Possessed by the rise of Magik (2011)


Ritual Prods 2011

Si algo me gusta de Ramesses es su capacidad de hacer lo que les sale de las mismísimas gónadas sin importarles para nada las reseñas. Probablemente estén demasiado ocupados dándole duro al bong mientras escuchan los temas de Cream con mayor carga psicodélica una y otra vez. Y eso, cuando hay talento de por medio, creo que es el mejor enfoque que puede dar un grupo a su trabajo. Sí, joder, lo han vuelto a hacer. Las sombras de los tanques de ‘We will lead you to glorious times’ siguen siendo muy alargadas y a día de hoy aún dudo que puedan superar un tema del calibre de “Witchampton”, pero lo cierto es que con este ‘Possessed by the Rise of Magik’ me han vuelto a sorprender de manera gratísima, y es que puedo decir sin ningún temor a equivocarme que éste es su mejor material desde ‘The tomb’ por lo menos. Uno de esos discos que entran solos ya sea por la portada (desprendiendo actitud a raudales, un auténtico “que os den por culo” a los diseños bonitos para adornar la habitación) o principalmente por el sonido, una nueva vuelta de tuerca en cuanto a cavernosidad, una producción que desagradará a muchos pero que personalmente me parece inmejorable para ellos, profundos y aplastantes como nunca y con unas texturas de guitarra que apestan un poco a fosa común y otro poco a formol en ciertos tramos, así como la ya clásica batería con paellera integrada de Mark que le da a todo un toque mucho más orgánico aun partiendo de un sonido bastante tosco que les va como anillo al dedo. Por lo que hace a los temas, me aventuraría a decir que han sabido mezclar con enorme maestría la contundencia de sus anteriores ediciones (“Plague beak”), esos mórbidos arpegios cargados de plomo y azufre que tardan meses en abandonar el subconsciente (la colosal “Sol nocivo” que algunos ya tuvimos el placer de oír anteriormente en directo), con su particular oda al ritual, más que presente en ese mantra llamado “Duel” o en esa especie de recitaciones de “Towers of silence”, por poner un par de ejemplos. Más que destacable es el protagonismo especial que ha acabado cobrando la voz limpia de Adam, con esos crípticos ecos y susurros pesadillescos infinitos que hielan la sangre.

En resumen, un disco seguramente menos pegadizo que sus anteriores ediciones, con unas estructuras cada vez más influenciadas por a saber qué especie de rituales lisérgicos que tendrán lugar en su local de ensayo y un sentimiento constante de estar adentrándose en una especie de túnel sin final ni rendija alguna donde filtrarse atisbo de luz. Sí que es verdad que las comparaciones son odiosas y Ramesses nunca han tenido nada que ver con Electric Wizard, pero con pegar un rápido vistazo a las últimas dos ediciones de los magos y contemplando la discografía entera de estos 3 sujetos queda claro de dónde sale la chapa, para mí un componente sin el cual unos se han deshinchado y otros han aprovechado para acabar elevándose al estatus de culto en una escena de bandas cada vez menos imaginativas e impersonales donde ellos ya son líderes y no seguidores. Por mi parte brindaré porque la pesadilla siga durando por mucho tiempo.

Ricard

lunes, 23 de mayo de 2011

Paradise Lost - Lost Paradise (1990)



Peaceville 1990

En la portada una enigmática especie de robot en pose ciertamente comprometedora para los sectores políticamente correctos que boicotean conciertos, ¿runas? que un servidor no alcanza a identificar, y en la contraportada cinco mozalbetes que poco o nada imaginaban que, tras unas cuantas brillantes demos que ya atestiguaban su brillantez compositiva, su primera referencia con la por entonces ya reputada Peaceville les lograría catapultar al Olimpo del doom (o “death metal lento” según a quién le pregunten), siendo este ‘Lost paradise’ el embrión de un sonido muy personal. Y es que, partiendo ya de la grandeza de los riffs más lapidarios de los legendarios Autopsy, su principal referencia musical según las reseñas de la época, una producción tosca, monolítica y asfixiante, una de las más desgarradoras voces por parte del “esmirriao de la camiseta de Confessor” y unos solos de cariz bastante épico por parte del “hombre de las uñas sin fin”, sus esfuerzos germinarían en uno de los discos cumbre de la sacrosanta trilogía doom/death del sello también británico. Sin más, transitemos el “paraíso perdido” de una vez por todas:

Una misteriosa intro que no augura nada bueno empalma con un riff que personalmente siempre me ha recordado a los más inspirados momentos de Candlemass, con éste nos presenta sir Holmes con un espeluznante alarido gutural “Deadly inner sense”, tema de riffs machacones death metal y caídas al abismo a medio tiempo que pasarían a ser la fórmula explotada a lo largo del disco, con una agonía crepitante y unas letras ciertamente inspiradas que casan a la perfección con ese sentimiento de oscuridad y perdición que con semejante maestría nos legaron: “a tortuous embrace embedded in their minds / as hands from above grasp / emptiness they find (…) this place of doom, a sacred shrine / eternal punishment for all time”. Le sigue “Paradise Lost”, con un arranque siniestro de cojones a partir del enfermizo tapping de Mackintosh y un riff arrastradizo demoledor rompecuellos, coros de ultratumba y una guitarra solista espeluznante que culmina en un solo desquiciado que perfectamente podría haber encajado en el posterior ‘Mental funeral’. “Our saviour” siempre me ha parecido el tema más death metal del disco, ya desde el principio suena más visceral que cualquier otro corte del LP y con unos ritmos y armónicos marcados que nada tienen que envidiar a otros familiarizados con el lodazal como Morgoth u Obituary. A medida que el tema se funde con las campanadas iniciales de la sublime “Rotting misery” hay tiempo para preguntarse también uno mismo dónde está su Dios, inmerso en una vorágine de “masiva neurosis e inminente condenación”. Y así es, la contundencia hecha tema, envuelta en un manto de oscuridad impenetrable y depresión, “morbid existence of these poor souls / now must die to exist no more”. Ese parón únicamente perturbado por una guitarra que suena desoladora como nunca e inmediatamente después una sucesión de gritos de desesperación que deberían helar la sangre a cualquiera con un mínimo de empatía hace de éste el tema más perfecto de la discografía de PL. Que sea un tipo realmente vago es motivo más que suficiente para que no rectifique lo dicho incluso ante una maravilla del calibre de “Frozen illusion”, nuevamente destacable por otra línea de guitarra punzante como pocas y un encabronadísimo Nick que berreará el título con un desprecio cuanto menos remarcable. Le sigue mi favorita, “Breeding fear”, donde la voz femenina de Key Field será protagonista de un modo mucho más remarcable para un servidor que cualquier otro grupo de los que explotaban la fórmula “bella-bestia” (orco enfadado y putilla de corsé), notando prácticamente como se nos abre de venas en conjunción con un riff realmente sórdido que supieron aprovechar posteriormente como nunca en una versión alternativa recogida en su ‘In dub’. Finalmente se cierra el disco con una instrumental poco menos que épica, solemne, majestuosa y cualquier otro epíteto mortuorio que se le pueda ocurrir a uno. Otra auténtica oda a la losa es lo que encontramos en “Internal Torment II”, tema perteneciente a un recopilatorio de Peaceville que acabó formando parte de la edición en CD de este debut que nos ocupa, y es que no sería descabellado decir que es lo más angustioso que jamás hayan grabado, donde además se entremezcla un sentimiento de odio y venganza que consigue hacer hervir las arterias: “in my afterlife I’ll rise again / destroy all the ones who laughed, kill them all…!!!”.

Que Paradise Lost nunca repetirían su fórmula aquí expuesta no es ningún secreto. Le seguiría ‘Gothic’, una obra maestra de la desesperación fría como el aliento de la amiga de la guadaña, así como su ‘Shades of God’, probablemente la mayor rendición a Sabbath que jamás hayan firmado, un disco especial como pocos caracterizado por un Holmes ya algo deshinchado que personalmente me sigue pareciendo increíble. ‘Icon’ y ‘Draconian Times’ serían ya sus dos últimas grandes obras antes de la etapa “Depeche Lost” de la que poco sé y poco me interesa. Dos ó tres últimos discos bastante potables harían algo así como de “paradise regained”. Pero, como se suele decir, eso ya es otra historia, y ya puede volver Nick al peinado de cenicero que no habrá Cristo bendito capaz de borrar de su historial esos primeros discos que hicieron de estos “chavales” la leyenda que son ahora para muchos. Me incluyo, por supuesto.

Ricard

domingo, 16 de enero de 2011

Mejores discos del 2010

Como ya es tradición en nuestro foro, a principios de año hacemos las votaciones para elegir los mejores discos del año que dejamos. La última vez se votaron nacionales e internacionales juntos, y la cosa no acabó de convencer a muchos foreros, así que este año lo hemos hecho en dos categorias. Electric Wizard con su "Blak Masses" es claro ganador en internacional, y lucha muy igualada para decidir el nacional que al final se llevan los barceloneses Warchetype y su "Ancestral Cult of Divinity". Agradecer desde aquí a todos los que han votado y especialmente a Polvaredo, que ha sido el que ha llevado todo el curro.

Aquí os dejamos el resultado de los votos:

INTERNACIONAL

1-Electric Wizard - Black Masses

2-Ramesses - Take the Curse

3-Ghost - Opus Eponymous

______________

4-Hooded Menace - Never Cross The Dead

5-Immolation - Majesty and Decay

6-Acid Witch - Stoned

7-The Sword - Warp Rides

8-Cough - Ritual Abuse

9-Samsara Blues Experiment - Long Distance Trip

10- Dopefight - Buds


NACIONAL


1-Warchetype - Ancestral Cult of Divinity


2-Horn of Rhino - Weight of Coronation



3-The Soulbraker Company - Itaca


______________

4-Lords of Bukkake - Desorden y Rencor

5-Cuzo - Otros Mundos

6-Dishammer - Under the Sign of the D-Beat Mark

7-Memest - Lucky Dead Man

8-Toundra - II

9-Domo - Domo

10-Körgull the Exterminator - War of the Voivodes


chiNO


domingo, 12 de diciembre de 2010

Woven Hand + Seven Seas Duet

Barcelona, La[2] 10/12/10
"Instruments with teeth"

Los que pululábamos alrededor de La 2 poco podíamos imaginar que aquel hombre gordinflón con camiseta de Green Day fuera nada menos que Loukas Metaxas, el escogido por David Eugene como telonero en su gira europea. Después de esperar un rato ante un escenario atiborrado de instrumentos de lo más raros, salió el griego acompañado por otro señor de pelo largo, lo que lo convertía en Seven Seas Duet, un formato diferente a lo anunciado. Loukas aclaró divertido "No soy el Sevilla", pues el parecido era más que evidente, y presentó ante una sala medio vacía su propuesta, un compendio de música tradicional de distintos países con un nexo común: el mar como telón de fondo. Loukas al cargo de la percusión y 'el otro', que no fue debidamente presentado (y al que me podría referir como el Serrat helénico), dedicado a los instrumentos de cuerda, empezaron su repertorio folkie, más oscuro que festivo a pesar de los apuntes de Loukas refiriéndose al estado etílico de los que habitualmente performan su música. Sólo un tema pudieron tocar sin problemas, pues durante la segunda canción 'el Serrat' se vio con problemas con el micrófono (tuvo que salir el mismísimo DEE a echar una mano). Hicieron un intento de continuar, pero por alguna razón decidieron abortar el concierto y, sin mediar palabra, se levantaron y recogieron sus instrumentos ante la atónita mirada del público. Pasado un buen rato con el escenario vacío nos quedó claro que no tenían intención de volver, cosa que nos dejó bastante intrigados.

Mientras nos preguntábamos si los griegos saldrían o no, la sala se iba llenando de un público variopinto, algo normal tratándose de una propuesta tan inclasificable como la de Wovenhand. Y es que la música de los de Denver trasciende las etiquetas y apela a un público de lo más diverso, siendo capaz de reunir a viejos rockeros con jovenzuelos atraídos por los tintes góticos que riegan sus canciones. En esta ocasión venían para presentar su último disco "The Threshing Floor", que en un principio no fue muy aplaudido por sus fans. Su anterior disco, "Ten Stones", ya fue recibido con escepticismo, pues sus temas contundentes y eléctricos resultaban un cambio considerable respecto a sus trabajos anteriores. "The Threshing Floor" era la vuelta al lado más folk, introduciendo cierto toque tribal y sonidos que remiten en ocasiones al este de Europa (tal vez por eso la elección de los teloneros). El poco entusiasmo general despertado por el disco se notaba en el recelo de algunos, aunque aquél que se pone delante de Wovenhand sabe perfectamente que en directo hacen magia con sus temas, transformándolas siempre en algo distinto a lo grabado en estudio, ofreciendo un resultado inesperado.

Tras una espera que a los fans nos resultó eterna aparecieron con la discreción de la que suelen hacer gala, ocupando sus posiciones sin dirigirse al público. Notamos la ausencia del otro guitarrista, y la presencia de un nuevo miembro tras lo que se intuía como un teclado (tapado con telas coloridas) y un arsenal de instrumentos variados. Prescindiendo de presentaciones, el bajo atronador de Pascal dio las primeras notas de "Heart and Soul", una sorprendente versión de Joy Division bastante fiel a la original, aunque menos cavernosa y más visceral que la de los de Manchester. El homenaje a Curtis y cía dio paso al repertorio propio de la banda, encabezado por "Sinking Hands", tema que abre el último disco. En la parte posterior del escenario, en las sombras y tapado por el teclista pudimos ver a un chaval, mezcla entre David Eugene y Nick Royale, que iba cantando los temas mientras repasaba las letras en un montón de papeles arrugados. Este pseudokaraoke nos remitía a lo leído anteriormente sobre la condición en la que se encontraba la voz de David en otras ciudades, y nos hacía temer lo peor, aunque pasados unos temas una se preguntaba si realmente era necesario, ya que DEE parecía totalmente recuperado. Entre cánticos chamánicos y casi fantasmales y ojos en blanco, siguieron la fantástica "Threshing Floor", "A Holy Measure", "Raise Her Hands", con ramalazos indios, y la típicamente wovenhandiana "His Rest", que sonaron algo más enérgicas que en disco. En este punto dejaron aparcado el último disco y dieron marcha atrás, recuperando "Kingdom of Ice", y para ello contaron con el apoyo de Loukas a la percusión. Parece que "Ten Stones" queda relegado a este tema, ya que no sonó ningún otro corte del disco. Continuaron con la grandiosa "Speaking Hands", un clásico ya en su repertorio (y una favorita personal), en la que la guitarra de David Eugene sustituye al piano que la introduce en el disco, dándole un toque mucho más rockero y desértico. Del mismo "Consider the Birds" rescataron "Tin Finger", cuya ejecución, intercalando momentos atronadores en un tema originalmente calmado, resulta algo más irregular. Por fin recuperaron la esperadísima "Your Russia", de su primer disco a veces injustamente olvidado. Transformó la canción a su antojo, convirtiéndola en un torbellino frenético de ruido, parando y volviendo a arrancar, saltándose fragmentos del tema original para condensarlo en unos enérgicos estribillos que martillearon el cerebro de la concurrencia. Se fue la banda y reaparecieron los Seven Seas Duet para acompañar a David interpretando "Whistling Girl", una gran sorpresa ya que no aparecía en el setlist. Dejándonos con la piel por el suelo, abandonaron el escenario apareciendo poco después tanto la banda como los griegos, para deleitarnos con "Winter Shaker". La densidad sonora que alcanzaron (con la ayuda del dúo folkie) saturaba en ocasiones, pero no impidió que nos viéramos arrastrados por sus cánticos y sus Hallelujah.

A muchos les parecerá sobreactuación, y puede que en ocasiones abuse de sus tics, pero sin duda no se le puede negar autenticidad a David Eugene. Cualquier otra persona haciendo el mismo número resultaría risible, mientras que el reverendo consigue infundir respeto entre el público, prueba de ello es el silencio que suele reinar durante sus interludios espasmódicos, próximos a la posesión. Habiéndolos visto en varias ocasiones, puede que no fuera su mejor concierto, pero aún así consiguieron desplegar una muestra de energía y buen hacer que deja en bragas a otras propuestas supuestamente más duras y que los sitúa sin duda alguna en uno de los mejores conciertos de este año.

Aïda
(fotos The Desert)

viernes, 8 de octubre de 2010

The Atomic Bitchwax - s/t (1999)


Abrochense los cinturones y preparense para un viaje cósmico a bordo del "The Atomic Bitchwax", pilotado por los comandantes Chris Kosnik y Ed Mundell, con destino al infinito. Es un viaje sin retorno, ya que la nube de THC y la paranoia triposa en la que nos veremos envueltos no nos dejará volver. Este trayecto no lo haremos solos, pues la psicodelia setentera estará presente en los once pepinazos que componen este álbum debut de la banda de New Jersey.
Difícil destacar un tema sobre otro, ya que todo el trabajo roza el excelente, además todos los cortes se van juntando entre si para que el viaje no decaiga. El momento estelar para servidor, es el de "Crazed Fandango", enganchándo con el tema más macarra del disco, "Hope You Die", y seguido de "Ain't Nobody Gonna Hang Me In My Home", pero si me decís que el vuestro es "Kiss The Sun" junto al tema más lento de todo el trabajo "Gettin' Old" me lo creo, igual que me creeria si los grandiosos Chuch of Misery, me dijeran que este álbum es el que más les ha influenciado a la hora de componer los suyos.
Voz minimalista en todo el disco. El Señor Kosnik la mete en los momentos justos dejando todo el protagonismo a unos riffazos que envidiaría el mismísimo Iommi, en su epoca más drogata. Cambios de ritmo vertijinosos y constantes en cada tema que coquetean con el stoner en el punto justo para que este trabajo sirva para bailarlo, para follar o para disfrutarlo fumándote un buen troncho de White Widow, como está siendo mi caso mientras escribo estas lineas, de ahí que me flipe tanto (espero que lo entendáis). Quizás sea uno de los discos más apropiados para escuchar morado, y con esto lo digo todo, aunque luego no os sorprendáis si después de escuchar "The Formula"os encontráis gritando a pleno pulmón ¡Viva los 70's! ¡Viva los proyectos paralelos de Monster Magnet! ¡Viva el cultivo de interior! y ¡Viva Rosendo, coño!.

chiNO

martes, 5 de octubre de 2010

Quince años sin Kyuss

Quince años de nostalgias, quince años de especulaciones sobre lo que podría ser o mejor dicho, lo que nos gustaría que fuera. Y es que aquel 1995 queda ya demasiado lejos para algunas memorias machacadas por sustancias varias y el consumo prolongado de productos post kyuss.
Para muchos, aquella disolución nunca se llegó a producir, sino más bien fue una pausa demasiado prolongada (pobrecillos). Gracias a ella hemos podido disfrutar de subproductos que en algunos casos pasaron sin pena ni gloria por delante de nuestros oídos.
En los últimos años, las ofertas para una posible reunión de kyuss han llovido de forma ininterrumpida. Se acompañan de una cantidad cada vez más grande de dinero y de propuestas cada vez más serias y elaboradas. Pero sin éxito, al menos de momento. Muchos somos los que aún confiamos en que Homme, Reeder y Bjork puedan llegar algún día a un entendimiento. Ni que decir tiene que García ya mostró su interés por volver.
Lejos quedan ya aquellos años de aburrimiento en el desierto, de tener que superar día a día esas sensaciones de inferioridad que te provocaba el ser consciente de que no eres nada en medio de aquel paisaje con tanto encanto pero a la vez tan desolador.

¿El remedio? Fácil.
Estaba en hallar la manera de poder combatir esa soledad, esos días que nunca acababan en desierto de Palm. Pero sobre todo esas noches. Homme, Bjork, Garcia, Cockrell y Oliveri deciden juntarse durante aquellos momentos de inactividad para poder dar forma a aquellos sentimientos. Y que mejor forma que la música. Las influencias llovían desde el norte de la costa oeste, pero también desde mucho antes con los discos “bucleados” de Sabbath, Zeppelin y una extensa lista de folk sureño, progresivo setentero y psicodelia comunera. De esta manera, se decide formar Katzenjammer (resaca en alemán). Una excusa perfecta para matar el aburrimiento y para poder explayarse reventando amplis en mitad de la nada sin tener que dar cuentas a nadie.


La banda contaba inicialmente entre sus filas con Bjork a la batería, García poniendo voz, Homme y Oliveri a las guitarras (Homme como líder) y Cockrell al bajo. Poco después, Oliveri abandonaría la formación. Al poco tiempo, cambiarían el nombre de la banda por el de Sons Of Kyuss (1989) haciendo honor a su afición a los juegos de rol y aventuras medievales y grabarían un ep homónimo que se publicaría un año después (1990) bajo la producción de Catherine Enny y Ron Krown (Smash! Productions - Black Highway Music).


1. Deadly Kiss
2. Window of Souls
3. King
4. Isolation Desolation
5. Love Has Passed Me By
6. Black Widow
7. Happy Birthday
8. Katzenjammer

Las jam sessions se sucedían cada vez con mayor frecuencia y con mayor afluencia de público. De repente, todos tienen prisa por editar un segundo trabajo y así afianzar su reinado en las noches de fiesta desértica. Vuelven a modificar el nombre, esta vez acortándolo a simplemente Kyuss y la formación cuenta con otro cambio: Cockrell pasa a ser sustituido por Oliveri al bajo, que retorna a la banda. Se publica Wretch (1991).



1. [Beginning of What's About to Happen] Hwy 74
2. Love Has Passed Me By
3. Son of a Bitch
4. Black Widow
5. Katzenjammer
6. Deadly Kiss
7. The Law
8. Isolation
9. I'm Not
10. Big Bikes
11. Stage III

Pero estas prisas no fueron buenas, la producción del disco llevada a cabo nuevamente por Ron Krown y los propios Kyuss resulta ser algo desastrosa y nadie queda contento. A pesar de todo, el éxito fue bastante notable y se empezaron a dar los primeros conciertos en pequeñas salas de la zona aparte de seguir yendo contra el viento en medio del desierto.



Ante la vertiginosa crecida de su popularidad entre el underground californiano, varios peces gordos del sonido desert de dentro y fuera del estado se fijan en ellos como pudieran ser los músicos y productores Mario Lalli (Fatso Jetson, Yawning man, Yawning Sons, Ten East, etc…) y el grandísimo (en todos los sentidos) Chris Goss (Masters Of reality, Queens Of The Stone Age, Soulwax, UNKLE, etc…) A partir de este momento, este último pasaría a producir todos los álbumes de Kyuss hasta su disolución en 1995.
Tan solo un año después de la salida de Wretch, vería la luz uno de los álbumes más importantes dentro de la escena del desert – stoner de la historia: Blues For The Red Sun, título basado en uno de los capítulos del Cosmos de Carl Sagan (1992 Dali Records).



1. Thumb
2. Green Machine
3. Molten Universe
4. 50 Million Year Trip (Downside Up)
5. Thong Song
6. Apothecaries' Weight
7. Caterpillar March
8. Freedom Run
9. 800
10. Writhe
11. Capsized
12. Allen's Wrench
13. Mondo Generator
14. Yeah

Logran de esta manera dar con lo que más adelante se convertiría en lo más destacable de la banda, la originalidad de su sonido. Esto se debe a una producción impecable llevada a cabo por Goss y los propios Kyuss, pero sobre todo a la intervención de técnicos de la talla de Joe Barresi, Mike Bosely, Brian Jenkins y Jeff Sheehan, quienes supieron captar en el estudio la esencia que caracterizaba a la banda en directo. El éxito es aplastante y se graba el primer videoclip.

Poco después de la salida del álbum, para la presentación del mismo, Oliveri vuelve a abondar la banda. Esta vez es sustituido por Scott Reeder, quien tuvo previamente varias ofertas tentadoras para unirse a Kyuss. Debido al gran éxito, son llamados a tocar con grupos de la talla de The obsessed abriendo una de sus giras por Estados Unidos y Metallica haciendo lo propio en Australia. De esta manera también se confirmarían las primeras fechas en Europa.


Tras varias puestas en escena del arsenal en estado puro, se procede a la grabación de lo que sería el tercer álbum de la época Kyuss (1993): Wellcome To Sky Valley. Publicado en 1994 ya bajo el mítico sello Elektra, este trabajo cuenta con dos series de tres temas cada uno y una de cuatro mas una pista oculta, distribuidos así por deseo de la banda de mostrar al público un álbum más progresivo y no solo una clásica lista de temas.
Cuentan con la colaboración de Mario Lalli en alguna guitarra y la inclusión de las voces de Homme y Reeder. El trabajo en la batería se haría a medias entre Bjork y el que sería el nuevo baterista: Alfredo Hernandez. Bjork abandona la banda poco antes del fin de la grabación del álbum para pasar a formar parte de Fu Manchu.


1. Gardenia / Asteroid / Supa Scoopa and Mighty Scoop
2. 100° / Space Cadet / Demon Cleaner
3. Odyssey / Conan Troutman / N.O. / Whitewater
4. Lick Doo

Las críticas aplauden el álbum, llueven las ofertas de bolos y salen nuevamente de gira por Estados Unidos y Europa, sentenciando así la potencia en directo de la banda. Un baño de multitudes que sin embargo, traería consecuencias negativas.
Las distintas personalidades de los componentes y sus creatividades chocan cada vez más y cada uno de ellos ve el futuro de manera diferente. A pesar de ello y siguiendo con el mismo modus operandi, justo un año después de la salida de Wellcome To Sky Valley publicarían su último álbum de estudio: …And The Circus Leaves Town (1995 Elektra Records) incluyendo una versión del tema Catamarán compuesto por Hernandez para Yawning Man.



1. Hurricane
2. One Inch Man
3. Thee Ol' Boozeroony
4. Gloria Lewis
5. Phototropic
6. El Rodeo
7. Jumbo Blimp Jumbo
8. Tangy Zizzle
9. Size Queen
10. Catamaran
11. Spaceship Landing

El álbum contaría con un sinlge bastante potente: One Inch man. Pero aun así la crítica intuye la baja forma de la banda y …And The Circus… no será tan aceptado por esta como lo fueron los álbumes predecesores.


Tres meses después, Homme abandonaría la banda junto con Hernandez para dedicarse a Queens Of The Stone Age con Oliveri al bajo, dando rienda suelta así a sus proyectos más personales y su gran creatividad. Esto llevaría a la disolución total de la banda, abriendo así nuevos caminos para todos sus integrantes.

Polvaredo

lunes, 27 de septiembre de 2010

Winter - Into darkness (1988)


(Future Shock, 1988)

Para el no iniciado doom con todas las de la ley, para el purista death metal lento… sea como sea, WINTER con su único disco y posterior MCD ‘Eternal frost’ se han labrado un más que merecido estatus de culto en el submundo extremo. Quien conozca su propuesta fácilmente la identificará con un single de CELTIC FROST de 45rpm reproducido a 33, el que no haya dado nunca con ninguna de sus grabaciones no acabo de entender qué coño está haciendo con su vida.
Tras una enigmática y premonitoria oscura portada hallamos los tres cuartos de hora más asquerosamente cavernosos que dieron el pistoletazo de salida a la década de los 90, la que nos dio esas primeras e imprescindibles referencias de PARADISE LOST, MY DYING BRIDE, CATHEDRAL… Sin embargo WINTER desde un principio asfaltaron su propio terreno independientemente de todas ellas, al menos por lo que a concepto se refiere. Ya en su libreto proclamaban que no sentían su propuesta estrictamente ligada al thrash y el death, probablemente sintiéndose ajenos a la imaginería cada vez más infantil y poco transgresora de ambos estilos. Su temática apocalíptica, pregonando una era de caos y destrucción teñida de cierto rollo ecologista no fue, aún así, lo único que les dotó de personalidad, y es que si bien los paralelismos con la música de los más arrastradizos HELLHAMMER pudieran ser válidos, su manera de enfocar la composición de los temas acabó siendo otro mundo. Dejémonos de palabrería inútil…

… rrrrrrrrrise!!!!!! Así empieza “Servants of the warsmen”, como si de un “uh!!!!” digno del Warrior se tratara, tras una apoteósica intro conmovedoramente opresiva tal y como reza su propio título, la canción más reconocible de estos neoyorquinos (probablemente por su respectivo videoclip que apareció en no sé qué recopilatorio de Nuclear Blast o bien por la versión de unos simpáticos vagos llamados CUERNO). Una pieza sencilla de cojones, en esencia un rock ‘n roll fumado y ralentizado al máximo exponente, negro como el tizón y con un estribillo destrozacráneos como pocos: “come back dear dreams / tales untold / endless sleep / servant of the warsmen… rise!!!!!!!!!”.
Le sigue “Goden”, tema visionario como pocos, 8 minutazos de la semilla que acabaría germinando en funeral doom tarde o temprano. Y es que cada vez que John Alman repite el título del tema envuelto en un pesado y claustrofóbico manto de repulsiva oscuridad es difícil contener la vejiga. Y por si fuera poco, los muy hijos de puta van y te encadenan a la vorágine de autodestrucción que es “Power and might”, algo mucho más ritualístico, informe y “drónico” que cualquier corte de SUNN O))) que pueda venirte a la cabeza, a la vez empalmando de manera catártica con la canción que más violento me pone del disco (y por ende mi favorita), “Destiny”, con ese d-beat reminiscente a unos mismos HELLHAMMER enfarlopados y muy muy cabreados, destacando sobretodo esa sección lenta introducida por acoples, marca de la casa, la voz de John más monstruosa que nunca, que acabará mutando nuevamente en la parte rápida de rigor y un solo enloquecido. En definitiva, un tema tan bueno que me veo en obligación moral de continuar la reseña a partir de un punto y aparte.

“Eternal frost” empieza con un riff puramente doom, esta vez sí, entendiendo como tal la adoración obsesiva hacia lo más monolítico que pueda haber salido de las mutiladas yemas de Iommi. De nuevo hallamos una pista totalmente llena de matices y medios tiempos que no sé si pasarán a la posteridad pero por lo que a mí respecta ya hace tiempo que me arruinaron parcialmente la vida. Finalmente “Into darkness” da fin al disco de manera caótica y pesadillesca, como no podría ser de otro modo, con uno de los riffs más sencillos y a la vez efectivos de la banda a partir del minuto 0:52 (sí, he mirado el minuto exacto para redactar la reseña). La sucesión de wah’s, ruidera y angustia sonora en general funciona a modo de corona de espinas para esta maravillosa obra maestra de la inmundicia.

Recapitulando: WINTER, formados en NY, año 1988, con una más que recomendable demo (así es, dicha afirmación no se trata de autoparodia por parte del autor), un MCD tremendo que recopila dicha cinta + un temazo del calibre de “Blackwhole” y un experimento ambiental llamado “Manifestations I” y esta pieza imprescindible en toda discografía que se precie, grupo misterioso donde los haya cuyos miembros parecen haber desaparecido por completo, grupo que ni siquiera sus discípulos COFFINS han llegado a igualar pese a recoger magistralmente su fórmula, una de las bandas con las que servidor más se ha identificado a lo largo de su vida. Porque para muchos perdedores el caos sigue siendo nuestro destino, nuestro poder y conocimiento. Y tal y como, de manera harto original, se cerraba “Servant of the warsmen”: “riseeeeeeeeaurghhhhhhhh!!!!!!!”.

Ricard

martes, 21 de septiembre de 2010

Black Sabbath - Born Again (1983)


Mucho se ha hablado sobre este disco. Durante una época considerado de lo peor de la discografía de Black Sabbath, parece ser que en los últimos tiempos esta empezando a recibir cierto reconocimiento pero en mi opinión no el suficiente. Para entender el por qué de la polémica de este disco en primer lugar hay que situarnos en el complicadisimo momento que vivia el grupo de Iommi en el año 1982 que es cuando empezó a gestarse esta obra. El grupo se encontraba en ese momento sin cantante y sin batería tras la expulsión de Dio, que se llevó consigo a Vinnie Appice, tras la polémica con las mezclas del "Live Evil". Para mas inri, Ozzy editaba en ese mismo año su primer directo en solitario "Speak of The Devil" con el cual, de la mano de su reciente esposa Sharon, habiía conseguido un número de ventas bastante superior al de su ex-grupo con su directo.

Todo parecía indicar el fin de Black Sabbath, se antojaba imposible resurgir de sus cenizas una segunda vez. Pero el grupo realizó un último intentó y para ello repescó al manager su época dorada que a la vez era el padre de Sharon Osbourne con la cual la relación se había vuelto horrorosa después de quitarle al madman de su cartera y montar ella su propia agencia.

La labor de encontrar un cantante que sustituyera a Dio parecía de lo mas complicada. Se propusó entre otros a David Coverdale pero la cosa no llegó a cuajar. La teoria de la entrada de Gillan en Black Sabbath nunca ha sido del todo clara aunque no sería extraño que fuera una unión de marketing de dos figuras que se encotraban en horas bajas, Gillan a pesar de sacar discos brillantes no coseguía despegar del todo con su grupo en solitario. La unión de dos clásicos como un Purple y Black Sabbath debería funcionar bien por lo menos a nivel de ventas. Y si a eso le unimos la vuelta del batería original completando así practicamente la formación original que grabó los mejores discos de la epoca todo tenía una pinta excelente. Nadie se esperaba lo que iba a ocurrir.


Entremos ya a comentar el polémico disco empezando por la mítica portada que representa perfectamente la música del disco. La esperpéntica portada, fruto de una intentona del ilustrador para que fuera rechazada y poder trabajar con Ozzy, fue sorprendentemente aceptada por el grupo. Ese niño endemoniado en color rojo sobre un fondo azul, tan simple y sórdida como decadente representaba a la perfección lo que nos ibamos a encontrar dentro.

Lo primero que llama la atención del disco es su sonido. Basándose en una producción típicamente ochentera, sonido de batería sobre todo, el disco suena saturado de graves hasta límites poco insospechados en un disco de esa época y dicho sonido ha sido el gran culpable de la maldición de este disco que venía detras de producciones tan limpias como las del "Mob Rules" o "Heaven Hell", se echa la culpa de esta muralla sónica a una infiltración de Butler en el último momento de las mezclas del disco. El caso es que dicho sonido es para mi el gran encanto de la obra. El disco es posiblemente lo mas oscuro, histriónico y disonante que ha grabado Iommi, y esto hablando de este hombre puede ser una bomba. Si a ese sonido le unimos que Gillan nunca ha grabado algo tan extremo llevando su voz a limites que nunca se le habian visto y con una teatralidad nunca vista en Black Sabbath desde los tiempos del madman tenemos una obra donde 4 genios llevaron sus cualidades al límite.


Pasemos a analizar las canciones que estaban compuestas por la formación que creo obras como "Volumen 4" o "Paranoid", casi nada.
Empezamos con un tema muy en la onda de apertura de los últimos discos, "Neon Knights" por ejemplo, "Thrased" es un tema rápido donde nada mas empezar sorprende la presencia de los teclados del siempre oculto Geoff Nichols. Gillan deja su seña al principio de la canción y no se detiene ni para respirar practicamente en toda la canción. El tema sería algo común si Gillan no empezará su show de alaridos psicóticos al final de la canción, algo que se repite a lo largo del disco y que debió ser un espectáculo en las sesiones de grabación. A continuación viene algo que siempre me ha descolocado, y es que colocar una especie de intro instrumental en la segunda canción desde luego que no es lo mas común. Dicha instrumental da paso a una de las locuras del disco. Solo el principio de la canción donde se escucha a un Gillan riéndose y gritando como si fuera el mismisimo Satán ya te parté en dos, la canción continua con un ritmo marcado por bajo y bateria donde poco a poco Gillan se va creciendo hasta que el tema vuelve a explotar nuevamente con un Iommi dando lecciones de como hacer riffs. El ex-purple sigue gritando y susurrando hasta que al final llega nuevamente al extasis junto con el resto del grupo y los que estamos disfrutando del disco. Una canción sorprendente sin duda sobre todo por el trabajo de Gillan.

La instrumental "The Dark" va dando paso al que para mi es EL TEMA del disco. El riff inicial acompañado de unos teclados que dan autentico miedo dan paso a otro machacón riff apoyado en unos golpes de teclado que dan entrada a una maravillosa linea vocal de Gillan que vuelve a parecer que no necesita respirar para cantar. El estribillo es simple y pegadizo y la canción continua por pasajes oscuros y machacones con un magnifico trabajo de Bill Ward a las baquetas. Se empieza a notar la mano de Gillan en las voces donde se aprecian similitudes sobre todo con el trabajo de su banda "Gillan". Los dos riffs que componen la canción son tan enormes que Iommi podría repetirlos hasta el infinito, de hecho en ningún momento se hacen pesados. El solo es de lo mejorcito del hombre de negro. No es un solo rapido pero destila una clase y una melodía que para si quisieran la mitad de corre-mastiles del mundo. A destacar de nuevo el trabajo de Bill Ward, que le da un toque muy especial a la canción con esas partes que parecen marchas militares. Solo por esta canción el disco ya vale la pena.


La siguiente canción vuelve a las senda de los últimos trabajos con Dio. Un riff de heavy rock con un solo de guitarra rapido por encima. Claro esta que se nota el sonido de Iommi lo que hace que un tema que pudiera parecer de lo mas normal gane muchisimos enteros y si a esto le sumamos otra maravillosa interpretación de Gillan y ese sonido que hacia que los riffs de Iommi ,sonaran como un tanque pasando por tu calle el tema se convierte en otra joya.

Ahora vamos con lo que fue el inicio de las baladas 80´s en Black Sabbath. Si bien la banda ya tenia temas como "Changes" que se alejaban totalmente del sonido del grupo con "Born Again" se meten en los terrenos de la tipica balada comercial que todo grupo de metal tenia que tener en esa época. Pero aqui radican dos diferencias. La primera es que aqui el cantante es una de las mejores voces de rock de todos los tiempos y la segunda es que todo en este disco era especial y no podía ser menos en esta balada donde la guitarra de Iommi, entra en el estribillo destruyendo todo lo que se pone a su paso mientras Gillan, vuelve a subir con su voz hasta limites que pareciera que se juega la vida en ello.

"Hot Line" es otro tema con inicio heavy rockero pero donde se nota muchísimo la influencia del cantante, el tema podia ser un tema de su último proyecto en solitario de no ser por la pesadez que siempre le dan a cualquier tema Iommi, Butler y Ward, que dejan su impronta en cualquier canción que pase por sus manos. A destacar la contundencia de la base ritmica en la canción que consiguen que Gillan, pueda jugar con diferentes tonos y subidas a su gusto sin que la canción se desmonte en ningún momento. De nuevo gran solo de Iommi, esta vez demostrando que puede adaptarse a cualquier tipo de canción. Aqui ofrece un solo mas rapido de lo normal en su repertorio pero perfecto para la canción acompañado con un notable Bill Ward. El final de la canción es una locura de gritos inhumanos de Gillan.

La última canción con una cadencia blues baja un poco el listón. Destaca un gran estribillo y una maravilloso trabajo de Ward y Butler en la sección rítmica que cierran esta grandiosa y particular obra.

Por último destacar la desastrosa gira que tuvó el disco que fue otra de las razones del odio de mucha gente hacia esta obra. La creación de una replica del Stonehenge que no cabía en los escenarios, objeto de mofa en la película Spinal Tap, o los fatídicos conciertos en España donde en la entrada aparecia la portada del "Live Evil" y la gente esperaba a Dio, son ejemplo de un proyecto destinado a no llegar a buen puerto. Aun así musicalmente existen multiples bootlegs, a destacar el Live at Worcester, donde se puede ver a Gillan cantando temas de este Born Again y reinterpretando de una sorprendente y magistral manera los clásicos de Dio y Ozzy. No solo no se empeñó en no copiarlos sino que los adaptó de tal forma que en algunos momentos parecen temas diferente, a destacar su versión del clásico "Heaven Hell". Todo terminó con la reunión de Deep Purple y la marcha de Gillan lo que supuso una nueva vuelta de tuerca en la historia de las huestes de Iommi.

A pesar de la mala aceptación que siempre ha tenido, el disco tuvo en su momento unas notables ventas entrando en la posición mas alta las listas de su país desde el "Sabbath Bloody Sabbath" y entrando en el Top 40 de las listas americanas.

Parece ser que el disco sera reeditado en breve con una nueva mezcla. También ronda por la red un bootleg titulado "Born Again Unmixed Demos" que consta del disco antes de meter la mano el bueno de Butler ademas de un tema inédito. La opinión mayoritaria es que suena mejor, la mía es que pierde parte de la magía que le da ese particular sonido.

sargent-d
Alineación a la izquierda

lunes, 13 de septiembre de 2010

A Doom Metal Manifesto

Un manifiesto del doom metal tal y como fue formulado por el honorable Earl of Void en la Santa Parroquia del Doom de Reverend Bizarre cuando el largo invierno del 2002 estaba llegando a su fin.

LET THERE BE DOOM

El trasfondo (o la fuerza motora) tras la lentitud y la pesadez de la música doom metal ha sido tradicionalmente la dolorosa carga de la raza humana; darnos cuenta no sólo de la inminencia de nuestra maldición - que es tanto la muerte física como la moral y finalmente la destrucción de esta tierra - si no también el rol que tomamos (y seguimos tomando) en esto. Es un mundo oscuro, tal y como los legendarios Saint Vitus dijeron, y tratar con esta oscuridad y reflejarla fue una tarea que las bandas de doom metal tomaron para sí mismas.

Las raices de la música doom actual pueden ser localizadas en las oscuras bandas de heavy rock/proto-metal de finales de los 60 y principios de los 70. Tanto Blue Cheer como Black Sabbath (probablemente los más importantes antepasados de lo que se convertiría en el doom metal) empezaron su cruzada alejándose claramente de los bonachones flower-power de su época. Por ejemplo, las actuaciones nihilísticamente inánimes de Blue Cheer y su (para su época) sonido extremadamente heavy fueron claramente diferentes a los mensajes de paz y amor universal por la que fue famosa la generación hippie. Pero hasta que Black Sabbath no lanzaron su álbum homónimo en 1970, la fundación del doom metal no fue establecida.


Los primeros minutos de Black Sabbath, el tema título que abre este revolucionario álbum, dejan al descubierto la esencia del doom; la guitarra aplastantemente pesada de Tony Iommi combinada con la lenta sacudida de Bill Ward y los desesperados aullidos de Ozzy Osbourne hacen la fórmula más imitada de la historia del doom metal. Pero no se trata sólo del sonido, y es que otra de las contribuciones de la condenada atmósfera de Black Sabbath fue la apropiación del simbolismo Cristiano, abarcando desde las señales generales de la muerte hasta las proféticas historias de engaño del Antiguo Testamento. Como consecuencia, la cruz cristiana se estableció como icono supremo del doom metal. También debería tenerse en mente, que en el caso de Black Sabbath y sus seguidores, el simbolismo cristiano fue a menudo usado simplemente para intentar crear una atmósfera de "terror a la Hammer", un perturbador sentimiento gótico-victoriano para complementar a la música. Aun así, mientras que montones de bandas de doom metal han intentado permanecer a una distancia relativamente segura de la práctica comprometida de la religión (a veces incluso apropiándose tanto de símbolos cristianos como satánicos para su temática e imagen) ha habido bastantes grupos famosos de doom con una misión genuinamente cristiana. El uso de simbolismo cristiano puede por tanto confundir a los metalheads que no estén familiarizados con el género.

Conforme pasaron los años, el sonido y la imaginería 'sabbathica' fueron usados sin piedad a lo largo del mundo: los británicos Witchfinder General, los americanos Saint Vitus y los suecos Count Raven, por nombrar unos pocos. No obstante, fue cosa de otra banda llamada Candlemass, el hecho de que el público heavy metal en general llegase a 'tragar' esta formula.


MORE TALES OF CREATION

Alguna gente dice que no existía el doom metal antes de que Candlemass debutasen con Epicus Doomicus Metallicus (1986), un álbum a menudo considerado como acuñador del término. Pero éste disco realmente no dio un nombre al doom metal en general - sólo al doom metal épico, tal como el título sugiere. La vertiente más tradicional del doom metal había ido prosperando en el underground mucho antes de que Candlemass lo hiciesen popular; bandas como Pentagram (que empezaron ni más ni menos que en 1971), Trouble, The Obsessed, Witchfinder General y Saint Vitus (que de hecho refinaron el género enteramente a principios de los ochenta) ya tenían una fuerte base de seguidores antes de que Epicus Doomicus Metallicus tomase a la multitud metálica por asalto. Un estilo ahora conocido como doom metal fue entonces mantenido vivo por muchas bandas, independientemente de si era o no era considerado un subgénero de la música heavy metal. Además, según tengo entendido, Witchfinder General fueron descritos como doom metal ya a principios de los 80, en un ejemplar primerizo de la revista Kerrang!. Muy pronto la etiqueta fue asignada a bandas como Pentagram, Trouble y Saint Vitus también, y por tanto un género 'doom metal' reconocible vio la luz.


No obstante, tachar a Black Sabbath – a los que incluso el mismísimo Ozzy más tarde se refirió como 'doom music' – de un mero prototipo del doom es un asunto realmente controvertido. Sus viejas obras maestras tales como Hand of doom (la cual muchos consideran como origen del término doom metal), Iron Man, Children of the grave, etc. son ejemplos primerizos del doom tal y como lo vemos hoy, y sólo unos pocos de los que “llegaron después” han contribuido con algo genuinamente nuevo y original en el género. Es seguro que Black Sabbath y sus oscuros contemporaneos nunca tuvieron una orientación tan estrecha en su estilo músical como los supuestos músicos actuales de doom metal insisten que el doom debe de ser. Pero lo que estos “gloomsters” modernos parecen haber olvidado es el hecho de que la vida no es una cuesta abajo constante. No puedes reducir la complejidad de las emociones humanas a mera depresión. Y, con el tiempo, estos intentos generalmente terminan alarmantemente afectados. La sinceridad – y para qué hablar de la falta de ella – es algo que la música transmite muy bien, y precisamente es este aspecto lo que muchos consideran como una de las marcas del auténtico doom metal.

En otras palabras: una canción diferente o dos no hace a una banda menos doom. Pensando en ello, incluso Candlemass fueron en este sentido no necesariamente más doomers que sus predecesores. Black Sabbath tenían sus momentos más progresivos y The Obsessed sus raíces punk-rock, y de hecho Candlemass tampoco eran todo el rato doom metal “100% puro”; ellos tenían sus momentos 'tiernos' tambén, por no hablar de las partes de 'power metal técnico' con doble bombo. Por tanto, si Black Sabbath pueden ser etiquetados como heavy metal hoy día – y estoy seguro de que nadie les sigue llamando proto-metal - ¿cuál fue el momento exacto en el que su música cambió de proto-doom a doom real?



THE FALSE PROPHETS

A raíz del merecido éxito de Candlemass, el término doom metal fue rápidamente tomado por la prensa mainstream del heavy metal. Esto llevó a bastantes malentendidos, ya que el doom de repente pasó a ser la palabra para todo lo que los oyentes considerasen demasiado lento. Desde ese momento, el doom ya no significaba necesariamente fuerza, permanecer firme bajo el peso del mundo, sino que al contrario, pasó a ser un sinónimo de aburrimiento.

Muy pronto, esta definición negativa de la música doom fue utilizada por una nueva generación de músicos de metal, quienes aparentemente, no tenían otro nombre para su estilo extremadamente lento. Por supuesto, la mayoría de estas bandas no se etiquetaban a sí mismas como doom; fue, de nuevo, la prensa. Decían Winter (una de las primeras bandas asociadas al death/doom), en los comentarios del libreto de su debut Into Darkness (1990): “Winter rechaza ser etiquetado. En la superficie sería fácil confundirnos con un grupo de death metal/thrash, pero de ningún modo estamos afiliados con ese género de música o la actitud pretenciosa que a menudo le acompaña”. Lo que está claro, es que obviamente ellos ni sospechaban que alguien les fuese a confundir con una banda de doom metal.

En el caso de muchas bandas de este nuevo género, la música parecía consistir en una especie de death metal ralentizado, pero con algunas atmósferas provenientes de los géneros góticos, así como su estética de melancolía y luto. De cualquier modo, las lineas vocales al estilo “gruñidos” fueron adoptadas directamente del death metal. Por supuesto, hubo también bandas que pronto (si no desde el principio), incorporaron a su música voces limpias femeninas y violines, así como otros instrumentos clásicos occidentales. Esto, no obstante, al mismo tiempo eliminaba a menudo una buena parte de la fiereza general, y finalmente muchas de ellas (por ejemplo Paradise Lost, Anathema, Theatre of tragedy y Katatonia) acabaron convirtiéndose en pop/rock gótico más o menos convencional.

De este modo, además de la lentitud, estas bandas no parecían realmente tener nada que ver con el doom metal; el doom tiene sus rasgos definidos profundamente metidos en la estructura de las canciones, la atmósfera general y en toda la subcultura doom rodeando a la música. El estilo de la composición es muy tradicional en el doom metal, recayendo fuertemente en la harmonía (en muchos casos, aunque no siempre, incluso en las escalas de blues), etc, mientras que las nuevas bandas (por ejemplo Winter, Thergothon, Unholy y los primeros My Dying Bride) eran mucho más experimentales o directamente aplicaron los elementos y estructuras disonantes del thrash y del death metal. Además, mientras que la lúgubre atmósfera del doom metal había sido tradicionalmente influenciada por las penurias de la vida en la clase obrera, la nueva generación encontró su inspiración principalmente en investigaciones filosóficas de alta cultura y la angustia de los genios románicos.

Incluso hoy, alguna gente piensa que la música lenta, oscura, pesada y depresiva de cualquier tipo puede ser doom. Por supuesto esto no es verdad, ya que el doom ha sido siempre más que mera música, como muchos doomsters han señalado. Para ilustrar este aspecto mejor, consideremos a Cathedral, una banda muy influyente en los primeros 90s, que algunos ubican en el doom tradicional y otros en el estilo doom/death.

La principal razón de la controversia alrededor de Cathedral es probablemente causada por el estilo vocal de Lee Dorrian. Antes de Cathedral, Dorrian estuvo al frente de una banda de grindcore conocida mundialmente llamada Napalm Death. En Cathedral, de cualquier modo, su estilo no era el de simples gruñidos death metal; de hecho, Dorrian realmente usaba mucha melodía en su manera de cantar. Auque este estilo no era ni mucho menos tan limpio como el de sus compañeros doomsters, definitivamente lo veo muy firmemente ubicado en la tradición Sabbathiana de doom metal. Es más, ni los riffs ni la batería de los primeros discos de Cathedral recuerdan a los discos mencionados antes en este capítulo. Y es que, la única cosa que enlazaba Cathedral con el nuevo estilo “death/doom” parecía ser simplemente el tempo aplastantemente lento. Por supuesto, también en los estilos vocales hay cierto parecido, especialmente si los comparamos a las bandas de doom metal que sólo usan voces limpias y agudas.


En honor de la escena “slow death/avantgarde metal”, se debe mencionar que realmente hicieron algo nuevo. Sin seguir el estilo de Black Sabbath ellos se aventuraron a tocar metal muy lento y doloroso. Sin gran conocimiento, las multitudes, ignorantes de las intenciones de los propios músicos, confundieron este nuevo estilo con otro modo lento de tocar metal: el doom. Desgraciadamente, esta confusión permanece hoy día.

FEET FIRMLY ON THE GROUND

A principios de los 90, la escena doom presenció otro desarrollo confuso; el revival del rock psicodélico trajo un nuevo estilo híbrido, que pronto, de nuevo por la prensa hambrienta de novedades, fue llamado stoner rock. El stoner rock tenía sus raíces en algunas de las mismas bandas de viejo heavy rock que el doom metal, como Blue Cheer y Black Sabbath, pero mientras la fuente de inspiración del doom era el lado más oscuro de la vida, el stoner eligió dejar todo esto de lado para concentrarse principalmente en las fantasías escapistas de la generación hippie 'colocada'.

Con respaldo de la prensa, la moda psicodélica creció más y más fuerte, y, por lo que parece, incluso tentó a algunas de las más oscuras bandas de doom metal para desviarse de su camino. Después de años de trabajo duro sin recompensa en el underground, había finalmente una posibilidad de sacar algún beneficio. Pero el cambio de visiones de la fatalidad inminente hacia visiones de conciencia cósmica fue un poco demasiado para los doomsters die-hard, quienes observaron como las bandas y los sellos de repente cambiaban de estilo como meros vendidos comerciales (después de todo, sensaciones cósmicas y viajes en alfombras voladoras no son la primera cosa que se te viene a la cabeza cuando piensas lo que realmente significa la palabra 'doom').

En el stoner rock, la iconografía doomer de la muerte y la destrucción fue reemplazada por cosas como setas, viajes al espacio y mujeres semi-desnudas. Así mismo, mientras el punto de partida del doom tradicionalmente había sido acerca de historias del sufrimiento humano, el stoner rock se concentró más en coches rápidos, buenos viajes y vibraciones positivas en general. Hablando de la música en sí, ésta principalmente recae en el groove, aunque el tempo puede variar mucho. Mientra el stoner mainstream más popular es generalmente retro rock up-tempo con algunas partes lentas, el stoner más underground puede ser extremadamente lento. Esta lentitud, de todas maneras, parece diferir a la lentitud del doom metal en que generalmente carece de la total pesadez del doom. Además, en lugar de buscar el impacto entristecedor que la música extremadamente lenta puede tener en el oyente, la lentitud del stoner a menudo proviene del sentido alterado del tiempo de los músicos causado por la ingesta de drogas y/o intenta potenciarlo.

Otro estilo comunmente asociado tanto con el doom metal como con las drogas es el sludge, también conocido como sludgecore, sludge doom, etc. El sludge empezó como una mezcla muy cruda de doom metal y hardcore y el estilo está caracterizado por voces desgarradas, penetrantes acoples de guitarras y generalmente una producción cruda. Mientras que el stoner generalmente aborda el tema de las drogas con una actitud positiva, el sludge, en su negatividad general, se regodea en el lado oscuro de la adicción a la droga. Por esto, considerando el punto de vista negativo general del sludge, la relación con el doom metal podría ser, al menos en mi opinión, mucho más cercana que la del stoner con el doom. La principal diferencia entre estos dos estilos es que mientras el doom como género puede ser situado en el heavy metal, el sludge está más frecuentemente asociado con el hardcore punk.

THE CURSE OF DOOM

El doom metal siempre ha tendido a estar infravalorado debido a su rechazo a subirse al carro del progreso continuo occidental. Pero en este mundo de cambios constantes e incluso desarrollos espontáneos, es bueno tener algo familiar y seguro a lo que echar mano. Para muchos fans del doom, esto es exactamente acerca de lo que el doom metal ha girado siempre. Witchfinder General, Count Raven, Iron Man... Todas esas bandas fueron, en su tiempo, criticadas por ser meras copias génericas de Black Sabbath. Desafortunadamente, sus críticos no parecieron darse cueta de que era precisamente este reconocimiento a la tradición en lo que recaía la fuerza de esas bandas.

En otras palabras, si hacer “progresos”, avanzar y depender del valor de la novedad es en todo lo que consiste la música, entonces ¿por qué hay gente tocando y escuchando por ejemplo música clásica o canciones tradicionales? Muy sencillo: porque las aman. Y simplemente porque la música artística se haya transformado en ruidos muy experimentales, y el rock'n'roll en muestras elitistas de virtuosismo técnico, no significa que todo el mundo deba olvidar a Bach y a Tchaikovsky ni a los Beatles o a Budgie. Aun así, parece que ésta es la moda entre muchas escenas modernas de metal, definitivamente al menos entre los supuestos géneros doom/death y gothic doom (hoy día a veces llamados 'nu-doom'), en las que el heavy metal de los 80 es a menudo ridiculizado por su asumida desfasada sencillez y, para dejar las cosas claras, estupidez. Además, yo personalmente encuentro esto bastante contradictorio, ya que mientras alguna gente en la escena metal pide progresos constantes a las bandas y a los músicos y desprecian a aquellos que hacen el mismo tipo de disco año tras año, por otra parte en ocasiones esta misma gente son los primeros en despreciar por ejemplo el nu-metal y otras formas más o menos nuevas formas tachándolas de completamente indignas para la música. Obviamente, entonces, el asunto no es el progreso en sí mismo, si no el progreso sólo como algunas personas lo ven adecuado.

WORDS TO END ALL WORDS

Aunque muchos hoy día cuestionen la necesidad de etiquetar y categorizar el metal o los estilos músicales en general, el debate acerca de qué es y qué no es el doom metal debería continuar. Y es que, pensémoslo, ¿cómo no vamos a etiquetar y categorizar? El argumento más escuchado contra categorizar la música es el hecho de que nunca sabrás si algo te gusta o no hasta que lo hayas escuchado por ti mismo, por lo que no se necesitan etiquetas (“la música es simplemente música”). Desafortundadamente, éste es también el más débil de los argumentos posibles, ya que nadie realmente puede escucharlo todo. No es simplemente una cuestión de tiempo, si no de recursos y posibilidades en particular; todo el mundo no tiene acceso a Internet por el que escuchar muestras de bandas prometedoras, y no hay una tienda de música que pueda poner todos los discos para que el cliente lo escuche antes de comprarlos. Este problema es asombrosamente evidente cuando se trata del doom metal, un estilo underground del que puede ser muy difícil reunir información incluso si eres un metalhead urbanizado de clase media.


En la superficie, parece haber un consenso en la escena underground concerniente a la división entre el doom clásico, el death/doom y el stoner. Se dice “todos sabemos lo que es el doom”, y entonces cualquier disputa es innecesaria. Aun así, muchos fans del stoner encuentran la música de las llamadas bandas de funeral doom insoportablemente aburridas, justo como muchos fans del “death/doom” tienden a encontrar el stoner sorprendentemente desenfadado. Además, algunos rockeros stoners consideran incluso el doom clásico sabbathiano demasiado lento y pesado para ellos, mientras que, análogamente, los más extremos “funeral doomsters” pueden confundir el mismo estilo con el stoner rock. Por tanto, no todo es “simplemente música”, ya que los gustos varían; gente que quiere algo sencillo, fumar un poco de hierba y relajarse a la luz del sol no necesariamente desea ser molestado por los aspectos negativos del doom, y aquellos de luto no necesariamente aprecian la dicha artificial descrita en el descuidado stoner rock. Y además, por supuesto, están aquellos que quieren su trozo de doom “de la manera en la que fue ideado” (como heavy metal realista).

Por esto es por lo que nosotros (y me atrevo a decir todos nosotros), seguimos categorizando la música; para estar seguros de que estamos hablando de la misma cosa y obtengamos lo que esperamos. Es algo práctico, nada más. Cuando la prensa confunde por ejemplo stoner rock con doom metal, esto perjudica a ambos géneros. Primero, la gente a la que no le gusta lo que ha oido (por ejemplo en un programa de radio), asocia este digusto con el término incorrecto, por lo que tal vez se estén perdiendo una cultura musical entera que tal vez de otra manera le hubiese gustado. Segundo, la gente a la que le gusta lo que oye puede acabar gastando un montón de dinero en discos incorrectos después de haber leído reseñas desconcertadoras escritas por periodistas que asocian los géneros con bandas incorrectas.

En muchos ámbitos, la situación se ha vuelto tan mala que, finalmente, sólo puedes confiar en las bandas buscando en sus entrevistas y sus páginas webs, intentando saber exactamente cuál es su estilo. Aun así, puede ser difícil discernir en qué sentido se usan adjetivos como 'oscuro', 'lento' o 'doomed'. Y si no tienes contacto con el metal underground, para qué hablar de conocimiento de su existencia en general... Bueno, todo lo que puedes hacer es esperar encontrar una copia del Forest of Equilibrium en tu tienda de discos local o distro y que te muestre el camino. Sin la lista de agradecimientos del clásico debut de Cathedral de 1991, la Santa Parroquia del doom de Rev. Bizarre, seguramente no hubiese existido.

En realidad, tu sabes donde está el poder: en la música. La melodía puede mover montañas. - Scott “Wino” Weinrich.

Traducción a cargo de Deth

lunes, 30 de agosto de 2010

Black Sabbath - Sabotage (1975)



Pues sí, ‘Sabotage’. Podría haber sido ‘Master of reality’, ‘Vol 4’ o ‘Paranoid’, pero para ello ya habrá por ahí algún antiguo número de la Heavy Rock con discos imprescindibles para el buen metalero que comparte su litro con el primero que ve con camiseta de Deep Purple. Si he escogido este disco y no otro (por mucho que temones como “Cornucopia”, “Planet caravan”, “Sweet leaf”, “Lord of this World”, “Killing yourself to live”, “Into the void”… sigan poniéndome los pelos de punta) es porque, a juicio de un servidor, no ha obtenido el reconocimiento merecido siendo éste uno de los trabajos más maduros del impecable cuarteto británico, senda ya emprendida a partir de su anterior trabajo ‘Sabbath bloody sabbath’. Porque muy bien, a todos nos gustan las raíces blues grasientas, pantanosas y psicodélicas de las primeras referencias, esos riffs monolíticos que dieron paso a tantos géneros que igualmente nos estimulan la entrepierna, hasta mi primo conoce las anécdotas de Ozzy y el murciélago, los brotes esquizoides de sus tiempos mozos, su afición por mear a través de ventanas de hoteles y todo eso. Pero parece que esa horrenda portada sigue actuando a modo de repelente para todos aquellos oyentes que pasaron por alto uno de los más atractivos capítulos de la historia de la música. Ellos se lo pierden.

Prácticamente podríamos obviar esa colosal apertura con “Hole in the sky” ya que a día de hoy haber bautizado un festival y haber servido de memorable himno para abrir más de un concierto de la época puede ser suficiente, así que yo no voy a decir más. A continuación tenemos un interludio de dos guitarras acústicas totalmente inquietante a partes iguales como es “Don’t start (too late)” que da pie a uno de los primeros temas thrash metal como es “Symptom of the universe”. Porque quien no reconozca que ese riff tiene más pelotas y agresividad que la discografía entera de, yo qué sé, Destruction sin Schmier, bien tiene un problema. Luego viene mi favorita del disco y sin duda de las mejores de la banda, “Megalomania”, un tema complejo de narices con un Ozzy desgañitándose e irradiando sufrimiento a cada frase envuelto en unos medios tiempos que hielan la sangre y un final apoteósico que rompe con todos los esquemas, destilando rock testicular del que tan faltos vamos hoy en día. “The thrill of it all” es el tema de riff incombustible de turno, una especie de “Supernaut” evolucionado (ni mejor ni peor), con alguno de los mejores solos de “Dios” Iommi en mi opinión y un pasaje ciertamente épico con el maestro de ceremonias repitiendo “oh yeah!!” de manera tan enérgica que hasta el oyente acaba por sentirse de puta madre. “Supertzar” es el típico chaval que recibía collejas en el colegio, es decir, el experimentito de rigor de Sabbath en este disco. Sin embargo, lejos de obtener un coñazo de dimensiones bíblicas como sucedía en “FX” por ejemplo, acaban saliéndose airosos con una pieza más épica si cabe combinando canto gregoriano con una oscura asfixiante base de guitarra que quita el hipo y sirve perfectamente para introducir otra canción clave (al igual que sucedía con el segundo corte de la cara A), “Am I going insane?”, el hit-single por excelencia de ‘Sabotage’, amado y odiado desconozco si a partes iguales. A modo de curiosidad, el subtítulo del tema “Radio” ha provocado más de un quebradero de cabeza dando a creer que se trataba de una versión editada para las emisoras cuando realmente no hay otra versión suelta. Una serie de carcajadas sobrepuestas y gritos que parecen grabados de cualquier manicomio dan paso al broche de un disco redondo como es “The writ”, nuevamente un tema pausado pero de estructura bastante compleja para lo que nos tenían acostumbrados Ozzy, Tony, Bill y Geezer.

En definitiva, probablemente esta reseña sea una mierda porque no tiene ya ningún tipo de sentido describir la sección instrumental acústica de “Symptom of the universe” o las letras que canta Ozzy de manera impecable (probablemente sea éste su mejor disco a nivel vocal) o porque tampoco hace completa referencia a la riqueza musical del álbum en sí desgranando instrumento por instrumento (precisamente en este disco hay un buen puñado de ellos), pero si sirve a alguien para (re)descubir uno de los momentos más inspirados de la vaca sagrada por excelencia de esta comunidad yo ya me doy por satisfecho. Por cierto, más tarde vino ‘Never say die’, pero eso ya es otra historia igualmente gloriosa y enterrada por ese injusto cabronazo llamado tiempo.

Ricard

jueves, 26 de agosto de 2010

The Obsessed - Lunar Womb (1991)


Lunar Womb, es el segundo disco de estudio que sacaron los norteamericanos The Obsessed, y que vio la luz en 1991. Seguramente los cuatro intensos años que Wino venía de estar al frente de los grandiosos Saint Vitus, influenciaron mucho en como iba a sonar este trabajo. Lunar Womb, destaca por sonidos más pesados que se mezclan con el stoner, la psicodelia y en ocasiones el hard rock, como por ejemplo en "Back To Zero". Pese a ser considerada una banda de doom, The Obsessed, en mi modesta opinión, jugaba a otra cosa. Su pequeña parte en la historia del doom metal no se la voy a quitar, pero los sonidos de Wino y cía. iban mucho más lejos, y este trabajo nos demuestra lo que os intento explicar. Canciones como "No Mas", con riffs super psicodélicos, estaría a al altura de algunos temas del "Vol.4" de los Sabbath, y "Endless Circles", podría formar parte del track list del "Born too Late" sin problemas. Temas tan variados hacen que sea un disco por el que no pasa el tiempo y fácil de digerir para aquellos que no están muy familiarizados con los sonidos más pesados. El impacto que tuvo en sus días entre la comunidad metalera fue tal, que la discografica Columbia Records, les ofreció un contrato multimillonario para los años siguientes. Tras la muerte del bajista Danny Hood, en un terrible accidente de moto, fue el ya mítico Scott Reeder, junto a Greg Rogers a las baquetas, los que acompañaron al gran Scott Wino Weinrich en éste, el mejor disco de The Obsessed, para un servidor. Para acabar deciros que la portada está basada en el cuadro "Saturno comiendose a su hijo" de Goya.

chiNO

lunes, 23 de agosto de 2010

Blood Ceremony- Come to the Sabbath, satan's, there


Fijaos en la foto sobre estas líneas. Fijaos bien. Esa ropa, el pelo, el detalle de la calavera flanqueada por dos velas... Qué tiempos aquellos los de los 60, ¿verdad? Cuando flotaba en el ambiente una mezcla de pacifismo, drogas y satanismo de andar por casa por el cual lo mismo podías conocer a Satán que a Wendy (bíblicamente hablando)

Sin embargo, y si hay un justo entre los que leéis esto se habrá dado cuenta, estos cuatros individuos no están a cincuenta años (cómo pasa el tiempo) de distancia de nosotros. Con esta apariencia tan retro se nos presentan Blood Ceremony, grupo canadiense que ha sorprendido a propios y extraños por lo original de su propuesta. En ella, dan cabida a una mezcla de riffs puramente doom con los añejos sonidos extraídos de un órgano Hammond y los procedentes de una flauta, folk en ocasiones, más espasmódica en otras al más puro estilo Ian Anderson. Todo ello acompañado de la voz de Alia O'Brien, que casa perfectamente con el resto del conjunto añadiéndole un toque de misticismo.

Al escuchar lo que Blood Ceremony nos ofrece, al ver sus fotos y la imaginería que rodea al grupo, son claros los vínculos que estos doomsters tienden con otros grupos: con los ocultistas y lisérgicos Coven, y también con Black Widow, por la parafernalia satánica que les rodea; con Jethro Tull por la ya mencionada flauta; con Totem/Jex Thoth al ser bandas de sonidos lentos con raíz en los 60/70, gran presencia de teclados y con una voz femenina; con Electric Wizard, con quienes comparten pasión por las películas de terror de los años 70 (no en vano, el nombre Blood Ceremony está tomado de la película española de 1972 Ceremonia sangrienta) y con quienes estuvieron de gira por Europa el año pasado (gira que por aquí ni se olió); y, por supuesto, con Black Sabbath, cuya sombra es eterna e inconmesurable.

Por el momento, cuentan con un único disco en su haber, Blood Ceremony, editado en 2008 bajo la prestigiosa Rise Above Records, y con el que las cartas se ponen boca arriba desde el primer tema Master of confusion: riff hipnótico, sencillo y directo, teclados propios de otra década y la voz de Alia. En otras canciones, nos sorprenden con los estallidos de improvisación, donde todos los instrumentos suenan al unísono, pero guardando, obviamente, una armonía que convierte el caos en una maravilla para los oídos.

Tal vez los temas más inspirados sean "Into the coven" (el título no podría ser más recurrente), donde los teclados son simplemente soberbios, y "Hop toad", donde riff, melodía vocal y flauta confluyen de manera perfecta. Y no me quiero olvidar tampoco de la maravilla instrumental que es "A wine of wizardry", que nos lleva a un idílico mundo medieval al mismo tiempo que, de nuevo me repito, a los años 60. Estamos, pues, ante un prometedor grupo que ha colocado el listón muy alto con su primer disco y del que esperamos con ansias su próxima edición. Por todo ello, sólo nos resta decir: come to the Sabbath!


Edorta

sábado, 21 de agosto de 2010

Vinum Sabbatum - Songs from the convent (2010)


Reseña escrita originalmente para Black Hand 'Zine

Los finlandeses tienen un don especial para hacer música y es que los cabrones sacan grupazos de todos los putos estilos imaginables. El caso es que estos Vinum Sabbatum aparecen de la nada con este bonito EP autoeditado en Digipack, en el que vienen 5 temas de hard rock y doom metal, en la onda de Witchcraft, Burning Saviour y todo ese rollo retro típico de escandinavia. Lo que mola es que aquí hay algunos detalles muy guapos, por ejemplo los teclados recuerdan bastante a Deep Purple y hay algunos coros femeninos que le dan un toque distintivo. Además, las canciones están bien escritas (Witch Woman a pesar de su título es un tema cojonudo) y el sonido "vintage" acompaña bastante bien. Bueno, precisamente en ese tema que comento hay una parte muy parecida al riff principal de Bitter Truth de Saint Vitus, pero con teclado, y les queda cojonudo.

Deth

Reveren Bizarre - III: So long suckers (2007)


Obviando el recopilatorio Death Is Glory... Now y los EPs póstumamente editados, So long suckers fue el broche que, a modo de epitafio, puso fin a la carrera de estos doomsters procedentes de Finlandia. Tras ello, los integrantes dividieron sus caminos: Albert Witchfinder, colaborando como cantante en Spiritus Mortis, manteniendo sus proyectos de black metal Armanenschaft y Azrael Rising y formando The Puritan y Opium Warlords; Peter Vicar, uniéndose junto a Christian Lindersson en Lord Vicar y siguiendo adelante con el proyecto de rock progresivo The Orne; por otra parte, del enjuto baterista Earl of Void aún estamos a la espera de saber cuál será su próximo paso en cuanto a proyectos musicales se refiere (si es que está dispuesto a darlo). Respecto al disco, editado hace ya tres años, se nos presenta lleno de detalles que reflejan que esto es el FIN: el propio título, la pegatina que reza "Doom Metal is dead" o el maravilloso cuadro que eligieron para la portada (O Grave, Where Is Thy Victory del holandés Jan Toorop), entre otros guiños que aparecen en el libreto, nos recuerdan que esto no es sino una despedida.

Como cabría de esperar, es una despedida de altura. Lo que nos ofrece este III: So Long Suckers no es ni más ni menos que lo que han tenido a bien demostrarnos todos estos años, es decir, Doom Metal en mayúsculas. Muy pocos saben combinar los riffs lentos, pesados y repetitivos, con los cambios de ritmo marca de la casa, junto a las letras de corte esotérico, histórico y amor doliente como Reverend Bizarre lo han hecho hasta ahora. Y todo ello haciendo gala de un enfermizo sentido del humor. Con este último disco de estudio, canciones como la odisea de brujería They Used Dark Forces/Teutonic Witch o la serena y majestuosa Caesar Forever pasan a formar parte del legado de los de Lohja y, con éste, del género al completo junto al de Saint Vitus, Pentagram, Trouble y tantos otros. Christs may come and Christs may go, but Caesar is forever.

Edorta

viernes, 20 de agosto de 2010

Graveyard, mátame cuando acaben los 70


Increíble lo de los suecos Graveyard. Como sus colegas Witchcraft, esta gente parece haber mamado la música de los 60 y 70 hasta tal punto que si los escuchas sin conocimiento previo bien se podría pensar que son de la propia época. Y llevan, además, una carrera que, a pesar de su corto recorrido, se me antoja propia de bandas que hicieron historia.

Formados en Gotemburgo en noviembre de 2006, el grupo estaba compuesto en un principio por Rikard Endlund al bajo, Axel Sjöberg en la batería y Joakim Nilsson y Truls Mörck como guitarristas y repartiéndose las tareas vocales. Con esta formación, el grupo se dio prisa en grabar una demo con dos canciones, Evil ways y Blue is the colour of my soul (posteriormente regrabada y cuyo título se quedó en Blue soul). Se ve que los temas tenían calidad (no hay más que escuchar el último disco) pues llamaron la atención de Tee Pee Records, sello que tiene en su haber a bandas del calibre de High on Fire, Earthless, Karma to Burn o Naam (y por el que salió el Dopesmoker de Sleep). Con tan sólo tres conciertos a sus espaldas, los suecos pasaron a engrosar la lista de bandas de la familia Tee Pee, quienes dan salida a los discos en Estados Unidos (mientras Trabsustans Records lo hacen en Europa). Poco después, entran al estudio con Don Ahlsterberg en las labores de producción (desconozco los grupos con los que ha trabajado, Soundtrack of our Lives, The International Noise Conspiracy, pero aquí están para quien le interese) para grabar lo que sería su álbum de debut Graveyard (2008). Tras ello, Mörck abandona el grupo siendo sustituido por Jonathan Ramm.

¿Qué nos ofrece este grupo con su flamante debut? Bien, preguntémoslo de otro modo: ¿qué nos puede ofrecer un grupo cuyos integrantes parecen arrancados de las entrañas de los 70 y lucen camisetas de Blue Cheer y Pentagram? ¿Hace falta decir más? Sin duda, comparten con sus compatriotas y colegas Witchraft, como ya se ha mencionado, un interés musical y estético por dicha década que se transluce tanto en sus canciones como en la imagen que transmiten, tanto en fotos como en la portada del disco. En cuanto a la música, si Magnus Pelander y compañía tienden a un sonido más oscuro, más enraizado en la sonoridad de Black Sabbath (aunque sin llegar a ser doom yo diría), Graveyard se decantan por el lado más bluesie del asunto, más rockero aquí, con un algo de psicodelia allá. No obstante, en temas como Evil ways, fijaos en la parte del estribillo, o en Satan's finest se aprecia una influencia más marcada de los de Birmingham. Las canciones, que oscilan entre los 2 minutos y medio de Submarine blues y los 6 de Blue soul (queda claro por dónde van, ¿no?), no tienen desperdicio alguno además de estar plagadas de grandes momentos: el riff de la ya mencionada Evil Ways y su combinación con la melodía vocal, el comienzo y el estribillo de Right is wrong o la calma que preludia el estallido en Don't take us for fools son simplemente tres muestras de lo que son capaces estos suecos (digo tres como podría decir, y es así, el disco entero). Estamos, pues, ante un maravilloso debut; añejo, pero vital, con una fuerza en cada tema que os incitará a moveros desde el principio, con una energía apabullante. Grupo prometedor, sin duda alguna.



Edorta